El ejercicio fue hecho por toda la cátedra. Alumnos de los tres niveles (Diseño I, II y III) se distribuyeron en grupos transversales de entre 10 y 12 integrantes por décadas, quedando un docente como editor del grupo. Durante tres clases se trabajó desde el relevamiento, el diseño del anteproyecto hasta la concreción del proyecto. Los adjuntos y el titular oficiaron de editores generales. Se contó con la asistencia de dos historiadores y un sociólogo que nos asesoraron en temas puntuales y generales.
El resultado final fue de una tira ploteada en tela viñilica de 42 metros de largo por 90 centímetros de alto. Cada década mide 2 metros de largo.
Trabajar en el diseño del time line del Bicentenario fue buscar nuestra propia identidad. Y a sus historias, similares a ls nuestras. Nuestros bisabuelos viniendo de Italia, España, Polonia, Rusia o Medio Oriente, muertos de hambre. Nuestros abuelos, remando para sacar adelante a sus familias. Nuestros viejos, luchando en el secundario y con trabajaos administrativos. Nosotros llegando a la universidad. Pueden cambiar los matices de la vida (obreros, empleados, comerciantes). Pero esa historia y este presente, tan confuso, tan genial como idiota y testarudo, tan pasional como doloroso, tan lúcido y progresista como cerrado y conservador es nuestra historia compartida.De ese lugar común, bestial, loco, ansioso, pasional, expresivo y talentoso venimos.
Este trabajo tuvo dos objetivos. Saber porqué somos como somos (¡imposible saberlo! pero algunas respuestas aparecieron) y empezar a pertenecer (nos). El diseño tiene esa fantástica propiedad de condensar, interpretar y reinterpretar que nos dio los materiales para hacerlo. 200 años no es nada, que sea febril la mirada.